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Deseo sexual e infertilidad

“Cuando tuve mi segundo aborto, muchas cosas cambiaron. Había dolor, inseguridad, vulnerabilidad, muchos sentimientos diferentes se manifestaban en mí y todos coincidían en una sensación de incapacidad.

A ver, me casé porque estaba enamorada y no por tener hijos, pero me parecía lógico que la maternidad llegara. ¿Qué era más lógico que tener hijos, cuando me sentía completa como mujer y había conseguido un buen esposo que seguro sería un buen padre?

Mi vida sexual solía ser perfecta para mí, pero a medida que aumentaba mi deseo de ser mamá, mi líbido se iba reduciendo, otra cosa estaba ocupando mi mente cada día.

La maternidad se volvía poco a poco una obsesión, ya no importaba el trabajo o lo satisfactoria que podía ser mi vida. Algo faltaba y me sentía incapaz de obtenerlo. Esta necesidad insatisfecha golpeaba mi matrimonio de formas sutiles pero contundentes. No me importaba pasar largos periodos de tiempo sin tener sexo, ni si disfrutaba cuando lo hacía, algo tan importante como compartir con mi esposo de esa forma intima, parecía no tener sentido si no podíamos tener hijos. Si no podía embarazarme y ser madre, ¿Qué objeto tenía buscar solo momentos de placer que no iban a llegar a nada, que no me iban a dar la alegría que esperaba conseguir siendo madre?”

Lo que le ocurre a S.F. no es un caso aislado en las parejas que tienen dificultades para concebir.

Si al no poder embarazarse en el momento que lo deciden, o al recibir un diagnóstico de infertilidad, la pareja convierte sus relaciones sexuales en algo mecánico o cuyo único fin es la reproducción, el vínculo afectivo que une a esta pareja se afecta negativamente y se genera un malestar emocional. Este malestar sumado al dolor de no poder embarazarse, puede hacer que la pareja se llene de culpas que menoscaben su calidad de vida.

Las relaciones sexuales vinculan a las personas en los niveles afectivo y comunicativo. Suelen significar una interacción que produce bienestar a nivel físico y emocional. Cuando una pareja busca embarazarse, y este objetivo no se cumple, la interacción de la pareja va cambiando debido a la presión a la que se someten y esta presión en ocasiones, hace que el deseo sexual disminuya.

Apoyo mutuo.

Si en algún momento, has sentido que tu vida sexual se ha limitado por tu dificultad para ser madre o padre, acepta que puede ser un evento normal, pero que no tiene por qué ser una constante. La pareja que busca tener hijos, necesita apoyarse, pues la forma de conseguir un embarazo puede requerir mucho tiempo, paciencia, valor y perseverancia. La unión de la pareja, la confianza que se genera en los momentos en que están solos, la seguridad que se siente cuando se comparte la intimidad sexual en una pareja comprometida, ayudan a encontrar la fortaleza para empezar y continuar la búsqueda de un grupo familiar mayor de dos.

De todas formas, si percibes que tus dificultades sexuales requieren más ayuda que la sencilla empatía y planificación de encuentros agradables, si sientes que tu impulso sexual ya no encuentra la fuerza de antes, busca ayuda. Un especialista en terapia sexual puede ayudarte a solucionar estos problemas antes de que se vuelvan una frontera entre tú y tu pareja.

“Recuerda que un hijo nunca llega a solucionar los problemas de los padres, necesitan un lugar de amor que los asista y los proteja”

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Psic. Adriana González
Psic. Adriana González
Sexología clínica y salud sexual
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