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¿Necesitamos más espermatozoides?

“…Condom is the glass slipper of our generation. You slip one on when you meet a stranger. You dance all night… then you throw it away. The condom, I mean, not the stranger”.
– Fight Club.

La recombinación genética es un proceso mediante el cual los pares cromosómicos de células gaméticas sexuales transmiten su información a una célula hija, dicho de otra manera: cuando somos concebidos dos células se combinan donando la mitad de su información contenida en esa maravillosa molécula denominada ADN.

Es por eso que resulta un hito de la naturaleza que un óvulo junto con un espermatozoide sean los causantes iniciales de formar una máquina tan compleja como es el cuerpo humano. En un ejercicio de imaginación veamos el proceso de fertilidad como una carrera de múltiples obstáculos donde la meta es el óvulo; en esta carrera de millones de participantes (los espermatozoides), de acuerdo a los cánones de la fisiología sólo uno (como todo, hay siempre excepciones) puede tener derecho a ingresar al templo de la vida.

Con esto en mente por mera probabilidad en condiciones óptimas la fecundación es una cuestión de sincronía biológica: en tan sólo una eyaculación existe entre 400 y 1, 200 millones de espermatozoides (la población de China completa) y por lo tanto se antoja sencillo que en esta carrera por la vida uno logre entrar al óvulo, sin embargo, no siempre es así. No todos los espermatozoides cuentan con las condiciones necesarias para desarrollar el fenómeno de la fecundación, hay múltiples células que son inmóviles, otras que son cortos en la cola, otros con doble cabeza y en ese descarte biológico es que la carrera se vuelve más interesante.

Eso explica una parte de la necesidad de contar con un número tan vasto de células espermáticas, pero entonces ¿qué pasaría si empezáramos a disminuir la cantidad que producimos de espermatozoides? La respuesta suena sencilla, simplemente el proceso de fecundación empezaría a colapsar. Un estudio publicado recientemente a finales del mes pasado indica que en por lo menos los últimos 40 años una buena parte de lo que conocemos como Occidente muestra una disminución del 50% en su conteo espermático, es decir que hemos empezado los hombres de este lado del planeta a producir mucho menos espermatozoides y esto se traduce en una mayor tasa de problemas para tener hijos.

Aunque el estudio en sí sólo se enfoca a analizar los conteos de espermatozoides y no las causas de esta franca disminución, se dan algunos indicios que esto se deba al incremento de la contaminación, estilos de vida mucho más estresantes, horarios de trabajo excesivos, falta de ejercicio y una alimentación cada vez más pobre: ergo, hay que comer mejor, dormir más y en sí buscar tener una vida más holgada.

“La visión en los tratamientos de fertilidad debe ser integral y no sólo enfocarse en las mujeres, porque finalmente la fertilidad es un trabajo en conjunto de dos células con el firme propósito de formar uno de los mosaicos más detallados de los que tenemos registro en el Universo.”

Dr. Otto Paredes

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